El Mundial partió esta semana y Chile lo está viendo por la tele, otra vez. A estas alturas duele menos, lo que probablemente es peor. Pero hay un rito que no depende de si clasificamos: la polla. Somos siete amigos pronosticando resultados desde hace varios mundiales, y este año pasó algo raro.
Para entenderlo hay que haber visto el Excel. Una planilla vieja, heredada de mundial en mundial, con fórmulas que ya nadie se acuerda de haber escrito. Los resultados se cargaban a mano. Alguien tenía que acordarse, y ese alguien terminaba con un poder medio raro sobre el grupo: el dueño de la tabla. Eso son las pollas de Excel. No son una app, son una persona con una planilla.
Este año la armé conversando con una de estas herramientas de vibecoding, Lovable, más unos ajustes míos. Uno le describe lo que quiere, en español, y la cosa va apareciendo en la pantalla. Quedó con su dirección, su login, su tabla de posiciones. Los resultados se actualizan solos con lo que publica la FIFA. Nadie carga nada. Nadie pregunta cómo vamos, porque la app contesta antes.
Está en mundial.wovi.cl, por si quieren mirar.
Y acá es donde la cosa se me puso rara. Lo que se gano es obvio: la tabla siempre al día, se acabaron las peleas por un resultado mal tipeado, el dueño de la planilla dejó de existir. Lo que perdí me costó más darme cuenta.
Lo que se perdió
El Excel era fome de mantener. Y mantenerlo era la pega.
Abrir la planilla el lunes, meter los resultados del finde, ver cómo la fórmula movía los puestos, mandar el pantallazo al grupo. Era un trabajo medio inútil, de esos que se deshacen y hay que rehacer cada semana. Y resulta que esa pega inútil era la que tenía viva la conversación.
La app se carga sola. El grupo de WhatsApp, no.
Hace quince años la polla de la oficina fue la forma en que medio Chile aprendió Excel de verdad. Fórmulas, referencias, alguna tabla dinámica. Nadie le dijo capacitación, pero lo era. Sospecho que ahora pasa lo mismo con esto: la polla mundialera va a ser la primera app que mucha gente arme hablándole a una máquina. El "hola mundo" de esta década no va a ser un programa que dice hola. Va a ser una tabla de posiciones.
La parte que no aparece sola
Ahora, no me lo hizo todo. Te entrega una web funcionando, linda, con los colores del Mundial, y con el mismo entusiasmo te la entrega abierta de par en par. A ninguna se le ocurre preguntarte quién debería poder entrar. Que las cuentas las cree yo y no haya registro abierto, que pida lo mínimo, que revise lo que quedó por defecto: eso corrió por mi cuenta. Porque el defecto de estas plataformas es la comodidad, no la prudencia. Una app vibecodeada puede andar perfecto y tener la base de datos ahí, leíble para cualquiera que sepa dónde mirar. Las dos cosas conviven sin problema. Esa es la trampa.
Para una polla de siete gallos, un descuido es vergüenza y nada más. Pero la misma herramienta, con el mismo entusiasmo, está armando hoy aplicaciones con datos de clientes, fichas de pacientes, cosas que importan. Y la pregunta que la IA no hace es la misma siempre: ¿quién puede ver esto?
Vuelvo al grupo
Se jugó el primer partido, la tabla se actualizó sola, y alguien igual mandó el pantallazo comentado, por costumbre. Capaz que el rito le gane a la automatización, como le ganó a las eliminatorias. El Excel viejo quedó en alguna carpeta, y apuesto que en el próximo mundial alguien lo abre, de puro nostálgico, para mostrar cómo se hacía antes.
Todo se carga solo. Los resultados, la tabla, los puestos. Lo único que sigue siendo nuestro son los pronósticos malos. Que no es poca cosa: es lo único que la máquina, por ahora, no se anima a contestar sola.
